14 de diciembre de 2012

21 del 12 de 2012

Nunca he ocultado que soy un ser intermitente y extremista. Extremadura me dio cuna bajo el signo de piscis, así que la dualidad y los contrarios han sido mi batalla desde que tengo uso de razón. Contrarios que he ido aprendiendo a armonizar con el paso de los tiempos, hasta apreciar y enriquecerme vastamente con esas disparidades de registros, para tormento a veces de los que me rodean. Yo, sin embargo, cada vez soy más yo, y cada vez mejor los voy conociendo, disfrutando y utilizando en mi crecimiento personal.


Thomas Ruff. Stern 17h 51n - 22, 1990.

Pues bien, de contrarios y de extremos va lo que hoy quiero contar en estas junglas.

¡Se acerca el fin del mundo!, dicen unos. Otros ríen a carcajadas y ridiculizan con toda batería de sarcasmos a los que piensan que algo nuevo e importante puede estar sucediéndonos. La N.A.S.A., por su parte lanza un comunicado tranquilizador en el que se echan por tierra, con los argumentos científicos de la oficialidad (Ja!!), todos los pronósticos, oráculos y profecías de tantísimo loco que anda suelto (Ya me gustaría a mí, que soy un loco diagnosticado, que sacaran algún día un comunicado con todos los expedientes clasificados y ultrasecretos que ocultan a los cuerdos de bien...) ¿Creéis realmente que alguna de estas dos posturas extremas, la literal y catastrofista de los más fanáticos, y la que ridiculiza cualquier anuncio de novedad que en el planeta Tierra pudiera producirse a partir del 21 de diciembre son absolutamente autorizadas y ciertas? Yo no. Absolutamente no. Por eso no voy a extenderme, ni a esforzarme en hallar un punto de intersección entre ambas posturas literales, limitadas, y hasta diría yo que catetas. Simplemente voy a esbozar, acompañando con estas imágenes de Thomas Ruff, lo que al respecto me dicta el poco sentido común que me queda, después de 46 años de compartir planeta con esa inmensa cantidad de imbéciles sin corazón que lo pueblan.

Thomas Ruff. Titan, 2006.

Galileo, el pobre hombre, está ya más que enterrado, todos lo sabemos, y sin embargo no hemos aprendido nada desde entonces. Porque siempre habrá inquisidores entre nosotros, quizás los más temerosos, ni de Dios ni del demonio, sino de la naturaleza misma de lo que somos y de lo que nos rodea. Allá ellos con sus miedos y con su aprendizaje. Yo sigo con la armonía y la amplitud que me han enseñado a contemplar mis contrarios.

Y es ahora cuando comprendo el Sólo sé que no sé nada ese que nunca me ha caído muy bien en la boca de los falsos modestos que tanto alardean de la premisa de Sócrates, que mira cómo acabó también el pobre... Pues ahora la comprendo, la frasecita, porque sé que a la vista está que no sabemos nada, ni yo, ni tú ni nadie. Pero ese nada que no sabemos es algo metafórico y por eso -por suerte y por desgracia- nos deja alguna fisura en su absoluto.


Thomas Ruff. Cassini 17, 2009.

Sabemos, por ejemplo, que durante este día en el que os hablo, llegará un momento en que el sol se ponga por el oeste, y el día dará paso a la noche. Lo sabemos porque sucede siempre, y ha sucedido cada uno de los días que hemos vivido. Yo no sé tú, pero yo me siento afectado y no soy el mismo de noche que de día, al igual que no soy el mismo (tranquilo, también es una metáfora, no es literal) en invierno que en primavera. Ese invierno que llega el 21 de diciembre de cada año desde que nací. Y esa primavera que acabará el 20 de junio, precisa y simplemente porque el 21 empieza, como todos los años, el verano. ¿Cuál es tu estación favorita? ¿En qué estación del año tu cuerpo se siente más pleno, más lleno de energía, más acorde a lo que eres y más en comunión con todo lo que existe a tu alrededor? Por cierto, que todos los años empiezan el 1 de enero, y que tienen 365 días, casi todos, y doce meses, aunque sólo sea una convención, y que hay luna llena, luna nueva, luna plátano... como hay fruta de temporada y fruta de congelador... ¿No te has percatado de los ciclos de la vida, aún?


Thomas Ruff. ma.r.s. 04-I, 2011.

Y hablando de la Luna ¿Qué me dices de ese satélite fluorescente que nos acompaña alrededor? No me refiero al mágico influjo de la Luna, a la menstruación de las mujeres, ni a las estadísticas de asesinatos, suicidios y palizas. Me refiero a lo más científico de todo. A la influencia de la Luna sobre las mareas... No parece algo muy esotérico... Simplemente es algo cíclico e incuestionable desde que científicamente se nos demostró. Bueno, también es científico que somos agua en una importante proporción, no?


Thomas Ruff. ma.r.s. 15-I, 2011.

Pues bien, y termino. ¿Alguien tiene alguna duda de que en nuestro sistema solar, en nuestra galaxia, en nuestro universo o en el infinito que nunca alcanzaremos a comprender existen ciclos de un nivel macro que puedan afectarnos del mismo modo que nos afectan las radiaciones solares, las fases de la Luna, la hora de la siesta, o la hora de no tengo nada que decirle mejor pongamos el televisor?


2 comentarios:

Javier Arnott Álvarez dijo...

Todo nos afecta, eso es indudable, ahora bien hay gente que no está dispuesta a aceptarlo debido a que poco a poco nos hemos ido creyendo el ombligo de todo. Adivinos no somos, o al menos yo no lo soy así que espero con curiosidad el día 21, no creo que vaya a pasar nada especial, aunque tal vez ese nada especial sea el principio de algo, quién sabe.

MANUEL DELGADO dijo...

Esa actitud, Javier, es la más civilizada, la más inteligente, pienso. Nada va a ocurrir de la noche a la mañana, y quizás lo que vaya a ocurrir ya lleva un tiempo ocurriendo y tardará en concretarse, porque también el hombre tendrá algo que decir.
Está claro que el mundo que conocemos, el viejo mundo éste que sólo satisface a unos cuantos poderosos, se desploma irremediablemente. ¿Lo sabían los mayas? ¿Todo era una alegoría, una metáfora? ¡Qué más da! Hay un ciclo de unos 26000 años que tiene que ver con el recorrido del sistema solar por la galaxia, o algo así si no he entendido mal, y parece que ese ciclo termina con el solsticio de invierno de este año, y que lo que algunos llaman la noche galáctica termina para dar paso al día, o a la primavera consciencial como otros dicen. ¿Qué más da? pero si hay un ciclo cósmico de esas dimensiones ¿por qué estamos tan seguros de que no nos va a afectar? o de que no nos está afectando ya.
Gracias por tu comentario, Javier, espero estar a la altura y saber volver a esta comunicación que antes me parecía fría e interesada, y que ahora, con un sentimiento de nostalgia, se me hace cálida y hasta íntima.
Gracias porque tú tienes mucho que ver en este detonante.