22 de marzo de 2011

La pesadilla que se muerde la cola

Hoy es el día mundial del agua. Tengo sed. Una sed almacenada desde hace años. Satisfecha algunas veces, también. Será la sed... ¿la misma sed de todos los humanos?

Me asomo.

Bebo. Me vienen a la memoria rectángulos de mis cuadernos. Otros significados. Otras huellas. Automáticamente desecho lo nombrado. Pido una nueva tregua. 

Me reflejo en otro.
Me marcho...




Hoy es el día mundial del agua y anoche tuve un sueño tóxico que ha condicionado sus olas. Un sueño añejo.  Ni húmedo, ni mojado, ni demasiado viejo. Sólo era un sueño inesperado. Quizás, fue porque anoche me olvidé de la toma: La toma de la Pastilla.

Las vueltas de las miradas.
Un mal paseo.

Nos ladraban los perros.

Anoche tuve un sueño nueve, en la escala de los sueños. Un terremoto verbal abría mis labios con la única pretensión de aniquilarte. Sus efectos me despertaron y me levanté a mearte. Pero, al final, de mi sueño, eras tú el único superviviente.

Línea 7.
No era divertido.

¿Por qué no se verterán líquidamente y para siempre todas las secuelas? Para siempre. Para el infinito. Anegando las fallas con el torrente de mis escombros y de vuestros barros.

Penúltima peléa.

El odio de los hombres acarrea guerras. Mientras, las mujeres siguen acarreando agua en los desiertos. Yo te odio, pero me faltó la metralla de un tsunami.

La sed escondida.




Hoy es el día mundial del agua y anoche tuve un sueño sólido de amor envenenado. Ese ha sido hoy mi drama. Mientras, como cada día, unos cuatro mil niños más, vivieron anoche su última pescadilla.




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