31 de octubre de 2007

Darío Villalba

"En mi obra la pintura es fotografía y la fotografía es pintura."
(Darío Villalba)



Darío Villalba. Crisálidas-Encapsulaciones
Instalación en la Galería Vandrés, Madrid, 1974 .


Darío Villalba. Superficie interior-fusión , 1993.

Darío Villalba. Sitting Gioconda. Homenaje a Lucio Fontana, 1969.

Darío Villalba. Black Woman Goya, 1976.
Darío Villalba. El místico , 1974.
Darío Villalba. Steward Picadilly Boy y Green-Verde, 2000.
Darío Villalba. Homeless London Organic & Maternity, 2000.
Darío Villalba. Políptico Expulsión del Paraíso, 1994-96.
Darío Villalba. Atrapado , 1996.
Darío Villalba. Source Material B/N, Londres, 1998.

Darío Villalba. Source Material B/N, Londres, 1998.


Darío Villalba. Presencia Icónica Industrial, París verano 2002.


Darío Villalba. Metal-Asfalto-Iconos, París verano 2002.

Darío Villalba. Primary Colors Splashes: Amarillo.


Darío Villalba. Primary Colors Splashes: Naranja


"Mi descontextualización no radica en sacar la fotografía del album familiar nostálgico o melancólico, sino usarla como vehículo de pulsiones anímicas, generadora de imágenes límite o no" (Darío Villalba)

28 de octubre de 2007

Estar sin estar


A veces mis imágenes cuentan mis encuentros, mi roce con la gente que quiero, o con la que acabo de encontrar, sin que ese roce haya provocado aún cariño alguno. También mis fotos pueden contar el recuerdo que tengo de esos encuentros, de los más profundos, o de los más leves, ligeros, casi inexistentes. Pero rozarse puede ser sólo una metáfora. Muchas veces me he rozado con gente a la que no he tocado. ¿Se puede rozar sin llegar a tocar? ¿Se puede fotografiar un roce que no ha existido? ¿Se puede estar sin estar en una foto? Estoy seguro de que sí. O, al menos, se puede estar en una foto casi sin estar en ella.


Mirando por la ventana. Málaga, 2006.

Muchas veces lo interesante ocurre fuera del encuadre. Lo que no vemos, pero nos es sugerido, puede ser más potente que lo que se nos enseña. Un ánimo triste, una conversación apasionada, la seducción de un primer encuentro, el miedo a crecer, y tantos misterios que con la observación, la curiosidad, la imaginación, o las ganas de inventar podemos resolver para engancharnos a momentos, historias, emociones, que no nos pertenecen, pero que os dejo que me robéis en este instante.

Éstos son algunos fragmentos de encuentros fuertes, profundos o ligeros. De roces que han hecho o no el cariño...


Yeya, en el porche. Cáceres, 2005.

Paloma de Lolita. Cáceres, 2005.

Rosa de naranja. Cáceres, 2005.

Las manos de aquel día. Embalse de Valdesalor, Cáceres, 2005.

Pensamientos de mar. Málaga, 2005.

Luis no se deja. Málaga, 2005.

Arraba por detrás. Málaga, 2006.


Otro día, más...


21 de octubre de 2007

De naipes, mariposas y otros objetos

Hace un par de domingos, un nuevo impulso me llevó a la calle, cámara en mano, para seguir absorviendo la construcción-destrucción de los alrededores de mi casa. Una de las fotos que hice ha irrumpido en mi mente al encontrarme con este bodegón de uno de mis fotógrafos favoritos, Duane Michals, que algún día tendrá su espacio en este blog.
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Duane Michals. Evidence of Evolution, 2004.

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Quisiera hablar de la arqueología de esos objetos que forman naturalezas muertas espontáneas prácticamente en cada paso que damos, pero estoy perezoso, otra vez será...

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Manuel Delgado. La suerte sin suerte. Málaga, 2007.

Estas dos imágenes, de algún modo están conectadas, y esta mañana de domingo granadino, el azar o la buena ventura me ha puesto delante esa conexión.

17 de octubre de 2007

Una bellísima panorámica

Para haberme propuesto ser más espontáneo en las publicaciones de entradas, lo estoy siendo poco. Así que ahora mismo lo voy a remediar. Acabo de encontrarme una delicatessen visual que me ha dejado tierno, dulce, bonito, no sé, me ha dejado, a fin de cuentas, bien.
Y os la quiero enseñar...


Damien Comment. Jagdsaison (la chasse est ouverte), 2007.



Si alguien quiere más -yo tengo que irme a dormir- es Damien Comment. Buenas noches!

11 de octubre de 2007

Un día eterno

"Más de una vez me he preguntado, pensando en los primeros meses de mi estancia en Salamanca, el otoño de 1959, si yo los recuerdo como un momento muy definido de mi vida, y muy decisivo, porque llevaba entonces un diario, o si me decidí entonces a llevar un diario porque presentía que algo significativo iba a ocurrirme."
El día que conocí a Antonio (el tren). Benalmádena, 2006.

Hay días... Hay momentos que se planean con un fin. Ocurre incluso lo que tiene que ocurrir. Pero en el tiempo, se olvida la cara de esa persona que conociste, se borra la sensación de fracaso tras el examen, se olvida la ruta de un viaje, se apaga el efecto de una canción... y lo que quedan son otros senderos imprevistos, otras sensaciones inesperadas, otros recuerdos que nublan los recuerdos. Y, en ocasiones, quedan las fotografías...

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El día que conocí a Antonio (pistas al mar). Benalmádena, 2006.
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Muchas veces me viene esa cita del Diario de Gil de Biedma, tan importante aquel verano de 1994 cuando trabajé, obligado por las circunstancias, en Jarandilla de la Vera (Cáceres). En aquel entonces escribía compulsiva y constantemente en uno de mis primeros cuadernos, y las palabras del poeta me rondaban todo el tiempo. Ahora las recuerdo cada vez que me encuentro imágenes como éstas, que son el documento de una vivencia que se pervierte inevitablemente entre una y otra instantánea, entre una y otra elipsis, entre los encuadres que elegí y la congelación del movimiento que olvidé.
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El día que conocí a Antonio (el dinosaurio). Benalmádena, 2006.

Entonces, claro, dudo de si esos momentos los recuerdo como algo tan especial porque hice fotografías, o si hice fotografías porque estaba viviendo un momento memorable...

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El día que conocí a Antonio (los elefantes). Benalmádena, 2006.

En realidad fue todo un poco surrealista. Un plan que deriva a otro plan. Alguien a quien conoces pero que no vuelves a ver jamás. Y las huellas rectangulares que han quedado en mi arqueología personal de un paseo solitario de sensaciones intensas y gratas, que te has regalado porque terminó siendo la mejor opción ese día.

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El día que conocí a Antonio (el bar). Benalmádena, 2006.

Siempre que veo las fotos me prometo volver otra tarde de invierno a ese lugar. Interiormente, fue uno de los días más profundos y productivos que recuerdo desde que vivo en el sur. Pero sé que es una promesa retórica que no hace ninguna falta cumplir. Estas imágenes, y otras que no he elegido, evocan con precisión mis sensaciones de ese día. Aunque sé que si no hubiera llevado la cámara, ese momento se habría perdido en la maraña de los momentos, por mucho que su efecto hubiera perdurado en mí.

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El día que conocí a Antonio (la orilla). Benalmádena, 2006.

Sin embargo, también comprendo que hay una construcción subjetiva y semiconsciente de aquel día, que nunca ha terminado, porque sigue desarrollándose en mi cabeza cada vez que me encuentro con estas imágenes. Me ocurre con otros acontecimientos. Ese día es lo que ocurrió antes de quedarme solo, antes de parar el coche y dejar de conducir, antes de empezar ese paseo, y durante. Mientras el obturador se abría cada dos pasos. Y cuando la luz ya no era la luz que deseaba, y regresé al coche, a la carretera, a mi casa. Ese día es también cada vez que abro estas fotos, o escribo sobre ellas. En este momento, ese día sigue siendo. Sigue ocurriendo. Sigue regalándome sensaciones que me acarician, como esa ola acaricia la arena y a esas piedras que no tienen frío. Es un día cálido. Es uno de mis días...



"Un día , unos amigos me hablaron de sus recuerdos de infancia; ellos sí tenían recuerdos, mientras que yo, que acababa de mirar mis fotos pasadas, ya no tenía."

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De Gargantas de Sirenas

De nuevo me vuelvo retroactivo, y como en un flash-back, me traigo sensaciones y momentos del pasado.
Hubo un verano, hace ya muchos veranos, en que pasé muchas horas escribiendo por los rincones más escondidos de la Vera (Cáceres), uno de mis lugares, por excelencia. Fue un verano tan enriquecedor como adverso. Un verano inolvidable, a fin de cuentas. Algo de lo que no presumen demasiados veranos.
Hoy recupero algunos versos de aquellas tardes, de aquellas noches, de aquellas mañanas de gargantas, carreteras, curvas, cantos y cielos. Era 1994. Eran Gargantas de Sirenas...

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Ha sido un mes con un año en su tripa.
Un año indigesto. Pesado.
Un año muerto en el vientre de esta madre mes
que no ha sabido parir más que días deformes
sordos ciegos mudos
monstruosos los hijos del descenso...

Y descienden los arroyos por las gargantas.
Y descienden también por los valles de mi cuerpo.


Los valles talados

y desiertos.


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Mañana partes.


Mañana quedaré rendido
masturbando la pena
por las veredas de tu saliva
-sendas de sal evaporadas
como ríos de agosto-.

Mañana partes y permaneces
sepultado en mi carne.
Respirando polvo.
Y otros que vendrán -No sé. Quizás.
Es un deseo- abrirán agujeros
en la sombra donde se cierran mis axilas
en la penumbra de mis recodos
en el umbral de mis rodillas.
Y allí donde se dobla la curva
de mi espalda
imitarán madrugadas de un amor
que partirá


(me partirá)


mañana.


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Este silencio tiene cara de final.
Tiene principio de neumonía. Y tiene
pulmones de yeso mármol y madera.


Este silencio tiene mineral en su espalda
polvo en su barriga y en su vientre oscuro
columnas de hierro.

Es un silencio de arena
de hojas secas
remolino de pajas.


Un silencio de respiración coartada.
Silencio de pentagrama manchado de frambuesa.

Es un silencio, en fin, de pacotilla.
Un desesperado loco malherido silencio
que por no servir de nada
no sirve

ni de silencio.


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Poemas del libro (que nunca llegué a terminar) "Gargantas de Sirenas".